Ciudad de México.- México ha sido cuna de grandes personajes de la literatura. Hoy se conmemora el 20 aniversario luctuoso del poeta Jaime Sabines.
El poeta de los amorosos nació el 25 de marzo de 1925 en Tuxtla Gutierrez, Chiapas. Entre sus actividades cotidianas y comunes, también se dedicaba a escribir y de esas horas con la pluma en mano resultaron poemarios que más tarde lo llevarían a ganar reconocimiento.
En la ahora Ciudad de México compartió estudios con personajes de renombre como Sergio Galindo, Emmanuel Carballo, Javier Xiaru, Rosario Castellanos: una generación de escritores, poetas y literatos. Fue merecedor de diversos galardones, entre ellos el Xavier Villaurrutia y la Medalla Belisario Domínguez.
El mes que lo vio nacer también fue testigo de su partida, un día como hoy, a la edad de 72 años dejó un gran legado para la literatura mexicana.
Sus versos traspasaron las fronteras, su obra ha sido traducida al inglés; y es que en el fondo, todos hemos experimentado los mismos sentimientos; ¿quién no se ha enamorado?, ¿cuántos han perdido la razón por un amor no correspondido? Incluso, Sabines nos regala los versos de amor a un hijo, o de dolor para la muerte de un padre.
Amor, desamor, soledad, entrega, muerte: algunas de las emociones más complejas versadas a un lenguaje sencillo, y es justo ésa su grandeza.
Si no lo conocías, a continuación presentamos algunos versos del emblemático poema «Los amorosos callan».
Los amorosos callan.
El amor es el silencio más fino,
el más tembloroso, el más insoportable.
Los amorosos buscan,
los amorosos son los que abandonan,
son los que cambian, los que olvidan.
Su corazón les dice que nunca han de encontrar,
no encuentran, buscan.
Los amorosos andan como locos
porque están solos, solos, solos,
entregándose, dándose a cada rato,
llorando porque no salvan al amor.
Les preocupa el amor. Los amorosos
viven al día, no pueden hacer más, no saben.
Siempre se están yendo,
siempre, hacia alguna parte.
Esperan,
no esperan nada, pero esperan.
Saben que nunca han de encontrar.
El amor es la prórroga perpetua,
siempre el paso siguiente, el otro, el otro.
Los amorosos son los insaciables,
los que siempre -¡que bueno!- han de estar solos.
Los amorosos son la hidra del cuento.
Tienen serpientes en lugar de brazos.
Las venas del cuello se les hinchan
también como serpientes para asfixiarlos.
Los amorosos no pueden dormir
porque si se duermen se los comen los gusanos.
En la oscuridad abren los ojos
y les cae en ellos el espanto.
Encuentran alacranes bajo la sábana
y su cama flota como sobre un lago.
Los amorosos son locos, sólo locos,
sin Dios y sin diablo.
Los amorosos salen de sus cuevas
temblorosos, hambrientos,
a cazar fantasmas.
Se ríen de las gentes que lo saben todo,
de las que aman a perpetuidad, verídicamente,
de las que creen en el amor
como una lámpara de inagotable aceite.